Reflexiones


¡Quiero salir en Hola!

Solo aquellos que saben elevarse y apreciar las cosas importantes de la vida son sabios.

¡Quiero salir en Hola!

Confieso que siempre que veo la revista Hola la compro, ya que no me crea ningún tipo de inquietud. La termino de leer, mejor dicho de ver, y me digo: «Conchale, qué bien vive esta gente, qué bien está el mundo”. Adicionalmente, siempre estás al día, con el nacimiento del hijo de no sé quién, el bautizo de ese mismo niño, su primera novia, su matrimonio, su divorcio. Sigues, en fotos, la vida de las supuestas personas que cuentan, y las cuales aparecen de vez en cuando rodeados de negritos famélicos, en algún pueblo de África, haciendo obras de caridad. Porque esta gente es bien completa, y hasta tienen tiempo para dedicarle a la solidaridad humana.
Hasta sus divorcios, no son como los divorcios de la gente normal: sufridos, llenos de rabia, de fracasos y peleas. ¡No! Si uno lee en Hola a una recién divorciada, dice con mucha clase: “Nos quisimos muchísimo, pero se terminó el amor. Le deseo lo mejor”.

(*) Extracto del capitulo: ¡Quiero salir en Hola! del libro «Cartas a un hijo»


¡ Sexta carta a un hijo !

“A veces el camino de la vida no es todo lo romántico y cómodo que uno quisiera que fuese”

¡ Sexta carta a un hijo !

Hijo, recuerdo que una vez me preguntaste: ¿Qué significa la vida? Difícil pregunta, y más difícil aún la respuesta. Unos dicen que la vida significa sacrificio. Para mí, particularmente, esta es una palabra que por reflejo de mis padres tiene un profundo significado. Recuerdo que mi madre, cuando salía a las cinco de la mañana a trabajar como cocinera (mejor dicho, ayudante de cocina) en un colegio, a su regreso casi siempre le preguntaba si no estaba cansada, y me solía responder…

(*) Extracto del Capitulo: «Sexta carta a un hijo» del libro “Cartas a un hijo”


Hijo, ¿sociedad podrida?

¿Es que solo cuando tiene ese olor de consumo transpirado por la masa, es que queremos olerlo?

Hijo, ¿sociedad podrida?

En nuestra sociedad occidental, en la misma medida que aumentan nuestros deseos de satisfacciones, disminuye nuestra tolerancia a las insatisfacciones; hasta convertirnos en el cuento de la princesa que dormía en once colchones, pero bastaba un guisante en el último, para no dormir en toda la noche. Mientras esto le sucede a nuestra sociedad opulenta; quizás en África, la máxima aspiración de la mayoría sea la seguridad de tener un poco de pan y agua para todos los días. Pero lo que más me llama a la reflexión, es el hecho de que una vez que lo obtienen, inmediatamente llega otra aspiración. Y si consiguiesen esa, llegaría otra; y si llegasen en el futuro al nivel de vida actual de occidente, donde no hubo otra época que se haya vivido con más comodidades, terminarían como nosotros: llenos de sensaciones de inquietud, ansia, inconformidad, depresión y desasosiego.

(*) Extracto del capitulo: «Hijo, ¿sociedad podrida?» del libro «Cartas a un hijo»

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