Reflexiones


¡Un buen día viéndote al espejo!

¡Un buen día viéndote al espejo!

Un buen día, viéndote al espejo, de repente te das cuenta de que ya has vivido más de lo que te falta por vivir, y que ese futuro que veías tan lejano es ahora pasado; los recuerdos superan las ilusiones, y casi todo pasó sin casi darte cuenta que sucedió, y ese niño que se ilusionaba por cualquier cosa ahora es el adulto que sólo se ilusiona por demasiadas pocas cosas; y comienzas a pensar en cosas que antes no pensabas.
Un buen, día viéndote al espejo, de repente te das cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo, y que ese rostro senil, ese cuerpo que perdió la figura y que te resistes a reconocer ¡es el tuyo! Donde esa arruga y ese pelo blanco están teniendo demasiada compañía; y comienzas a darte cuenta de que tú también tienes fecha de caducidad, y que ya no está tan lejana como pensabas. ¡El pasado es lo que fue, y no tiene vuelta de hoja!

(*) Extracto del capitulo: «¡Un buen día frente al espejo!» del libro «Querer volver»


¡A trabajar!

No hay peor cosa que esperar a que las cosas cambien u ocurran de la manera que quisiéramos

¡A trabajar!

Los venezolanos tenemos fama de ser flojos. Y más allá de analizar si es justa o injusta esa calificación, lo que sí puedo afirmar sin temor a equivocarme, es que mis padres eran exageradamente traba-adores. Sin embargo, a mi madre no le gustaba que se lo dijesen. Para ella, llamar a alguien “trabajador”, era porque trabajaba por la fuerza; y ella lo hacía con mucho amor. “Carlos, lo bien que hagas la cama, es lo bien que dormirás en ella”.
Los estoicos decían que la satisfacción es lo más valioso del trabajo. Y no necesariamente trabajar en algo que no te gusta debe ser malo. A veces necesitas conocer algo, precisamente para saber que no te gusta, ya que no siempre la razón prevalece sobre la experiencia, y muchas veces la experiencia es la que da la razón. Bhagavad Gita decía: “Es mejor cumplir con nuestro deber, por defectuoso que pueda ser, que cumplir con el deber de otro, por bien que uno lo pueda hacer”.

(*) Extracto del capitulo: «¡A trabajar!» del libro «Cartas a un hijo»


Segunda carta a un hijo

Cuídate del éxito. Este es el mayor enemigo del ser humano, porque el éxito trae consigo “dinero”

Segunda carta a un hijo

Hijo, la vida tiene un gran objetivo: ¡Ser feliz! Y quizás para lograrlo lo mejor sea: luchar apasionadamente por lo que se desea y todavía no se tiene; pero querer apasionadamente lo que ya se tiene. Mi madre solía decirme: “Carlos, si solo deseas lo que tienes, habrás alcanzado la felicidad plena”.
Es bello tener cosas, pero la clave es que tú las poseas, y no ellas a ti; si aquello que posees constituye los cimientos de lo que eres, vas a tener serios problemas de felicidad en tu vida. Lo que tú eres, es mucho más importante; y nunca te concentres en ganar dinero, concéntrate en hacer un buen trabajo con pasión; eso es precisamente lo que a la larga te dará dinero.Conozco demasiada gente rica, y lo único que tienen es dinero.

(*) Extracto del capítulo: «Segunda carta a un hijo» del libro «Cartas a un hijo»

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