Reflexiones


¡De mi tierra no me voy!

¡De mi tierra no me voy!

¡Venezuela sí vale la pena! Por la esencia de la mayoría de su gente, más allá de quien o quienes la gobiernen o la hayan gobernado. Los gobiernos pasan y el país queda; y hay mucha gente buena, sencilla, alegre, trabajadora, y con ganas de un futuro mejor. En Los Paulinos, un sitio rural a pocos minutos de la zona del Hatillo (en Caracas), hay una casita humilde. En ella vive la señora Belén, una persona alegre, que no tiene agua corriente, con un solo baño, que hay que descargarlo con un tobo de agua, y que para colmo, hace poco tiempo le han robado. Pero tiene una sabiduría, un optimismo, una dignidad y una capacidad para reír y ser feliz envidiables; y cuando pasa alguien por el lugar, siempre lo saluda y está dispuesta a ofrecerle un vaso de agua. Muy cierto lo que me decía mi madre: “Carlos; no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita” Esta mujer, al igual que millones de mujeres como ésta en Venezuela, es la principal razón de mi optimismo.

(*) Extracto del Capitulo ¡De mi tierra no me voy! del libro “Querer volver”


¡ El maratón de la vida!

Y él respondió algo que nunca podré olvidar: “En la vida hay que morirse joven, lo más tarde posible”

¡ El maratón de la vida!

Cuando tenía dieciocho años, leí: “el músculo se adquiere con dificultad y se pierde con facilidad. La grasa se adquiere con facilidad y se pierde con dificultad”. Pensé un rato, y me dije: “No hay más remedio: un par de zapatillas y a correr. No dependo de una cancha, de un equipo, de nada. Inclusive no se requiere de mucho talento”. Llevo treinta y siete años corriendo sin parar, y estoy convencido de que es una filosofía de vida, ya que la vida también es un maratón. Debes prepararte, y debes correrlo a tu paso, nunca al paso de los demás. Y al llegar a la meta, no importa el tiempo que hicieron los otros, lo más importante es el tiempo que hiciste tú. ¡Corres para ti, no para los demás! ¡Vives para ti, no para los demás! Al igual que en la vida, el ritmo va cambiando con la edad, y si quieres terminar con éxito (el éxito en el maratón es como en la vida: muy relativo), nunca debes pensar en lo que has recorrido o lo que falta por recorrer, solo en el hecho de que te preparaste muy bien para correrlo, y que debes seguir corriendo. Igualmente, debes saber dosificar los momentos de euforia, en los que te provoca subir el ritmo; y los del bajón, donde tu cuerpo te pide parar cada segundo. Pero al final de todo, tu objetivo, al igual que en la vida, no solo debe ser terminar el maratón, sino disfrutar de ese maratón.

(*) Extracto del Capítulo ¡El maratón de la vida! del libro “cartas a un hijo


¡Heroes  Anonimos!

¡Heroes  Anonimos!

Llegaba en taxi al aeropuerto de Barajas, en Madrid: para tomar un vuelo a Caracas, con una maleta y el maletín. Apenas el taxi se paró, llegó enseguida una señora de color, como de unos 60 años con un carrito, diciendo: “¿Le ayudo señor?”. Me la quedé viendo, y sentí una cierta lástima por esta señora de una edad algo avanzada, que estaba ilegalmente con un carrito, tratando de llevar unas maletas para ganarse la vida. A pesar de que la maleta rodaba, le dije: “Claro, señora”. No permitió que agarrase la maleta del maletero del taxi. Apenas vio mi intención de hacerlo, me dijo: “Éste es mi trabajo señor”, y de un solo tirón la agarró y la colocó en el carrito, con una destreza, como si la maleta no pesase nada. La seguí hacia el mostrador de facturación, y le pregunté: “¿Cómo se llama?”, “Isabel, señor; y soy de Santa Isabel”.

(*) Extracto del Capitulo ¡Heroes  Anonimos! del libro “Querer volver”

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